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Día 001.

                                                                               [Franco Rizzo].


— Wow, wow. Nieve.— miró por la ventana Adrián muy emocionado al ver nieve por doquier en la cuidad más fría de Estados Unidos. 

— No te extrañes que éste así por un tiempo.— bromee dando un empujón leve en su brazo. El castaño siguió mirando la ventana muy concentrado. Seguí mirando conduciendo llegando a Stealle, un es escalofrío se apoderó un momento en mí, es duro de al pasar del tiempo llegas a la ciudad donde fuiste criado desde niño. 

Un gran aviso colgado diciendo "Bienvenidos a Stealle, disfrute su viaje", trague en seco no obstante mis pensamientos divagaban un poco más. Junto a mi lado mi hermano menor de 8 años estaba al lado mío observando la nieve en cada parte de la ciudad. No lo culpo, de donde vinimos no hay nieve sólo sol, le gustaba estar aquí.

— ¿Crees que papá nos acepte?. — preguntó Adrián de repente, esa pregunta no la esperé de él. Es un niño de 8 años y tiene una de las mejores mentes brillantes que ningún niño tiene. Me hundí en el asiento preguntándome la misma pregunta de él, sin embargo no quería dejarlo con la duda.

— Claro que sí, campeón. —menee su cabello castaño, estaba un poco nervioso.

Una extraña sensación vino de repente, era tanto sin ver a papá que no hayo la similitud de como reaccionaria de tanto tiempo. El GPS nos indica  con una flecha verde  mano derecha de que estábamos por llegar. Del retrovisor miro una pequeña casa cómoda en los suburbios de Stealle, la nieve aún caía lentamente, no viendo así el color de la casa, sin embargo era opacado el color. Pinos alrededor de las casas de atrás lleno de nieve emocionó a Adrián sonriendo emocionado.

— ¡Papá!.— chilló señalando a un hombre saliendo de su casa en piyama. Abrí mis ojos de ver aquel hombre vestido de piyama, estacioné el auto en frente de la casa, Adrián salió rápidamente abrazando a papá de un golpe, me límite a salir del auto sacando las cosas de la maletero. Sin mostrar algún efecto posible.

— Franco..tanto tiempo.— asentí cerrando el maletero.

— Hola. — traté de lograr hablar ajustando las maletas en mi mano aún parado ya que todavía no nos dejó pasar en su casa.

—Claro, claro. — dio un paso al frente abriendo la puerta de su casa dejándonos pasar a Adrián y a mi. Era acogedora, había varias calefacciones en cada esquina de la habitación, supuse que debía hacer frío y mucho. Miro los cuadros colgados en la pared de su nueva mujer y él. Adrián corrió arriba en las escaleras de madera centrada en la habitación.

— Ella es Mindy, te caerá muy bien. —señaló a la mujer de la foto. Moví mis ojos dejando reposar mis manos de las maletas que tenía.

— Lo siguiente es que Adrián no debe comer muchos dulces se pone imperativo en algunos casos. Debe agarrar el bus a las 6:00 no a las 6:30 recuerdalo o anotalo en una lista. Y sobre todo, debes pasar más tiempo con él ya sabes como padre. — saqué de mi chaqueta un cigarro. 

— Tu mamá ya me dio una lista de todo lo que debo hacer, Franco.— suspiró colocando sus manos en la rodilla sentándose en el pequeño mueble observando detenidamente lo que estaba haciendo, sin embargo no le presté atención.— No quiero que estemos mal entre ambos ¿Va?, se que fui un mal..

Me levante interrumpiéndolo, no quería un discurso de padre e hijo que ya esta pasado a la antigua y más del tiempo.

— No quiero tus discursos ¿Estamos?, sólo es por Adrián, si a él le hace feliz verte supongo que yo igual.

Dicho esto, sin más nada que decir salgo del frente encendiendo el cigarrillo necesitaba un poco de aire. Realmente no quería pensar en seco simplemente estar ahí para Adrián, si a él le hace feliz ver a papá a mi igual, pero no cabe la lógica de que hizo anteriormente.

Volver al mismo lugar que deje no es simpático, muchos recuerdos van y vienen desde el trayecto hacia acá, fue el motivo de mudarme con mamá y Adrián, la idea de no repetir momentos de mi pasado, y mucho menos recordarlos. Pero que va, es imprudente que no piense en todo lo que pasó si fue hace dos años.

— ¿Tú eres el hijo de Michael?. —la voz intrépida de la señora hizo que alzara una ceja sin nada.  Es obvio acaso?. — Oh mi dios, si eres el hijo de Michael Rizzo. 

Boté el cigarrillo en la cera congelada mirando a la señora de mediana edad, cabello canoso sostenido en una cola entre sus manos tenía un pastel cubierto con aluminio. 

— Vaya, no sabía que en este suburbio era popular. — bromeó dirigiéndome a la señora, se sonrojo entregándome el pastel cubierto. — ¿Y para qué me lo entrega?. — revisé a medias levantando el papel aluminio.

— Ya sabes, el tiempo de no verte.. ¿Y Adrián como está?. —lo miré confundido no sabía que decir, puede que me conociese pero recordarla a ella no. —¿Tú madre?. — soltó de repente. Su pregunta me tomó por sorpresa en cierta parte.

— Bien bien. — miré ligeramente a la señora no confundido como tal, sino que hay cosas que no recuerdo, o tal vez cosas que no quiero recordar posiblemente sea ese hecho. Por un momento me vino a la cabeza ese recuerdo grato que tenía.

[After],  03 de Marzo 2016.

Miré el tablero de mesa confundido de la siguiente movida que daría la señora Eudin, mis manos firmemente las sostuve en mi mentón mirando el peón en frente de mis ojos ¿Será una jugada amistosa?, sonreí victorioso. Mis manos me temblaban, la respiración cada vez se volvía agitada en mi interior decía es ahora o nunca. La señora Eudin me miraba con sus verdes agua marina que intimidan poniéndome nervioso. Coloque el peón arrastrándolo en el tablero mascullando hachee mate.

— Así es como se juega. — deliberó sonriendo tomando un poco de agua. — Me impresionas Franco.

— Tengo muchos trucos bajo la manga. — bromeé junto a la señora Eudin suspirando lento. Fue muy agradable pasar un rato con la vecina del frente, me sentía yo mismo. No es tan malo tener amistades un poco fuera de órbita sobre tú edad ¿Qué importa si son mayores?, lo importante es divertirse. Me despedí de la vecina acomodando la mochila para estar listo al salir. Aún el sol estaba puesto en Stealle, muy rara vez en la cuidad con más frío y nevada haya un día caluroso con el sol muy brillante. No pude contener al verla, cada detalle la hacía imperfectamente perfecta, el cabello rubio recogido en una cebolla dejando varios mechones sueltos, traía una camisa de tirones color negra junto con unos shorts que realzaba su figura. ¿Por qué tengo que ver muy invisible ante sus ojos?. Me miró unos pocos segundos pero apartó la mirada sosteniendo el móvil, nunca hemos cruzado una palabra, pero nuestras madres sí e incluso  nuestros hermanos. Nunca nos hemos saludado como si algo no los impidiese. 

Una camioneta negra se estacionó en frente de su casa a tres cuadras para ser específico, a lo lejos observé a varias chicas en ello, así que me imaginé que son sus amigas. Me miró por última vez, ¿Qué podía hacer?, le sonreí alzando mi mano, pero se rió en mi cara subiéndose a la camioneta ¿Cree que soy un chiste o qué cosa? Quedé en completo ridículo ante ella, nuevamente como siempre. Debo aceptar que no es para mí y nunca lo será. 

Camine torpemente para llegar a la casa un poco desilusionado e incómodo de lo que sucedió allá afuera, ella siempre se ha fijado no en el físico sino en personas que siempre le harán daño a veces debes estar con personas no tóxicas. Pero ¿Quién soy yo para decirle? Uno, soy desconocido ante sus ojos, y dos, tiene a sus amigas.

El césped se veía cortado con un gran verde vivo realzando la casa de dos plantas color bronce junto con marrón clásico así las visitas no se sientan incómoda por el exterior. Introduje las llaves en la puerta desconcertadome los chillidos de la casa proveniente. Nuevamente peleando, me acerqué dejando la mochila en la silla mientras me acercaba a la cocina viendo como mamá le gritaba con gran todas sus fuerzas, por otro lado papá hacia lo mismo sólo que ignorándola.

—  ¿Qué diablos anda pasando?. — mascullé mirando el suelo con los platos rotos en el suelo. — La manera pelear no es tirar platos y menos objetos de vidrio. — busqué una escoba junto con una pala barriendo sin cesar. — ¡Está Adrián, y se puede cortar!. — lo señalé, parecía una madre regañando a ambos pero es la realidad. Los dos se tranquilizaron, miraba a mamá con sus ojos llorosos me partía el alma verla así de tal manera quería que esto se acabara. Papá salió de la casa sin más preámbulo, sin decir nada. Así fue cuando toda esa historia de peleas se ha acabado.

Before, [26 de Mayo 2018].

— Señora Eudin. — sonreí por reconocerla abrazándola automáticamente. Sus ojos se mostraron llorosos por un instante pasaron dos años pero realmente se pudo observar que me extraño, era mi única amiga ya que pasaba la mayor parte del tiempo en su casa. 

— Pensé que no te acordabas. — secó sus lágrimas con su delantal rosado agarrándome mi mejilla. — Es grato volverte a ver Franco, pasaron muchas cosas. Pero ya sabes el vecindario aún sigue intacto.. — suspiró delicadamente. — Espero que te quedes a cenar esta noche, trae a Adriancito.

Me abrazó por última vez despidiéndose de mí por última vez. Suspiré un poco cansando del viaje, mirando aún en frente esa casa que era imposible olvidar, abrí mis ojos mirando a la rubia caminar en la cera trayendo sus audífonos puestos la noté muy cambiada, su cabello como la última vez que la vi recogido en un cebolla con varios mechones sueltos. No quería pasar el ridículo con ella nuevamente, así que me acosté mirándola pasar ante mis ojos notó mi presencia pero no hizo nada, solo una línea fina de sus labios observé. Me pregunto si sería buena idea hablarle ya que siempre lo he querido hacer tanto años, pero negué firmemente aun apoyando.


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